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jueves 29 de septiembre de 2022 - Edición Nº1394

Región | 6 sep 2022

Megacausa zona 5

Virginia Dominella: “el pasado no pasa si las heridas siguen abiertas”


Por: Subsecretaría DDHH Buenos Aires

En la vigésimo sexta audiencia del juicio conocido como Megacausa Zona V, llevada a cabo en el Tribunal Oral Criminal Federal de Bahía Blanca, aportó su testimonio la Doctora en Historia, Virginia Lorena Dominella. En sus tesis de grado y posgrado analizó la historia reciente con un enfoque local sin perder de vista lo nacional y trasnacional, donde identificó “las particularidades de la militancia católica en el marco del movimiento de activación juvenil bahiense”. Según explicó la investigadora, su trabajo “abordó los cruces entre religión, política y afectividad en las experiencias de los integrantes de la Juventud Universitaria Católica, la Juventud Obrera Católica y la Juventud Estudiantil Católica” en los años previos a la dictadura cívico militar.

Dominella tuvo acceso a los archivos de inteligencia de la DIPPBA, varios de los cuales pertenecen a víctimas en esta Mega Causa, y también realizó el análisis de publicaciones de revistas de la época, como fue Cristianismo y Revolución. Además, la Doctora resaltó la importancia de la historia oral “cuando faltan documentos por haber sido eliminados”.

En el listado de víctimas, figuran ex residentes del pensionado católico para estudiantes universitarios creado en Bahía Blanca en calle Zapiola 428. “Había 23 varones y era un espacio de encuentro, de sociabilidad católica. Hubo persecuciones, allanamientos y tiroteos previos al 24 de marzo de 1976. Los testimonios orales confluyen en esto. Triangulamos y combinamos fuentes”, detalló Virginia.

La Doctora en Historia en sus investigaciones nombró a víctimas en este juicio, muchas de ellas aún desaparecidas y la mayoría jóvenes militantes: Hugo Fuentes, Julio Ruiz, Elisabeth Frers, Daniel Junquera, María Emilia González, Daniel Bombara, Horacio Rusin, Néstor Gril, Elsa Pablo, Alberto Paira, entre otros.

Ante la marcada intencionalidad de los defensores particulares de desprestigiar su trabajo doctoral, Dominella remarcó que “el terrorismo de Estado, tuvo un objetivo: disciplinar a toda la sociedad. Lo que ocurrió fue un plan sistemático de desaparición de personas, de irracionalidad donde hubo miles de víctimas y que continúa en el presente ya que cuando decimos que hay 400 hijas e hijos apropiados, decimos que esas personas hoy no saben quiénes son. Es una consecuencia concreta, nos afecta socialmente a todos”.

Finalmente, la investigadora reflexionó: “el pasado no pasa si las heridas siguen abiertas. No se cierran solas, necesitan reparación. Las instancias académicas pueden aportar a esto. Los procesos judiciales, además de aportar verdad, reparan. Si eso no sucede, vuelve a emerger. Hay consecuencias tangibles en el presente. Una puede hablar cuando el trauma no está en el cuerpo. Para sacar el trauma, hay que repararlo. Estos juicios son un aporte fundamental para lograrlo. Aún con dificultades, la justicia es reparadora”.

“19 días de tortura, sin comida ni agua”

Luego fue el turno del sobreviviente Rubén Sergio Obiedo Sáez que declaró desde la Fiscalía de Comodoro Rivadavia a través de la conexión telemática. La víctima fue secuestrada el 4 de febrero de 1977 en General Roca, provincia de Río Negro. “Me detuvieron un domingo en la iglesia, por la tarde. Llegaron dos señores vestidos de civil de la Brigada de Investigaciones. Me pusieron una capucha y me subieron al asiento trasero del auto. Y aparecí en Bahía Blanca”, expresó.

“19 días de tortura, sin comida ni agua. Una noche simularon que nos iban a matar. Aparentemente estábamos en una estación, en un vagón de tren. La tortura era con picana. Tenía todo morado de la cintura para abajo. Casi todos los días nos torturaban. Se reían, lo gozaban”, detalló Rubén.

Obiedo Sáez luego fue trasladado a una dependencia policial en Bahía Blanca y posteriormente a la cárcel de Villa Floresta: “en total estuvimos cuatro meses incomunicados. En la comisaría, perdieron las llaves de mis esposas, tuve que comer como un perro. Sólo vimos a los celadores de la cárcel. Hacía frío, y si pedía abrigo, me pegaban. Salíamos al baño cuando ellos querían”.

Sobre las consecuencias que tuvo haber sido secuestrado en la última dictadura cívico militar, Rubén dijo: “fue un desastre total. Tenía una hija de 2 años, un bebé de 20 días, mi mujer con una cesárea reciente y no sabía si las iba a volver a ver. Las secuelas son psicológicas. La tortura pasa, uno sana las heridas, pero el daño psicológico no lo cura nadie. Las consecuencias las pagaron principalmente mis hijos con mi carácter fuerte. Hay cosas que no las puedo superar nunca”.

“Nunca pensé que podía haber gente tan mala, no le puedo decir gente. Torturar y gozar y después ir a ver a sus hijos. Esos no son personas”, concluyó Sáez.

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