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miércoles 30 de noviembre de 2022 - Edición Nº1456

Región | 5 oct 2022

Megacausa zona 5

Beatriz Repetto: “desearía saber qué hicieron con el cuerpo de mi papá”


Por: Subsecretaría DDHH Buenos Aires

En la trigésimo primera audiencia que se llevó a cabo en el Tribunal Oral Criminal Federal en donde se juzgan a 38 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura cívico militar, declararon Beatriz y Andrés, hijos de Néstor Repetto, a quien vieron por última vez el 29 de marzo de 1976. Su padre era guardia cárcel de la Unidad 4 de Villa Floresta y cuando lo secuestraron estaba de franco. Aún continúa desaparecido.

“Entraron con capucha gris, pulóvermarrón, campera de jean y vaquero. Tiraron todo abajo. La colocaron a mi mamá sobre la cama y le pusieron una cómoda encima. A mi papá se lo llevaron con los ojos vendados, atado las manos con la corbata de trabajo, en calzoncillos y alpargatas”, detalló. A Teresa Alejandra Ayala, su madre le dijeron: ‘callate que te matamos los pichones’.

Beatriz Repetto relató que “durante 3 años, todos los días, llamábamosal Penal para ver si tenían alguna novedad. Nos decían siempre lo mismo: ‘No sabemos nada,acá los culpables son los del Ejército’. Nunca nos dieron una respuesta”. Héctor Luis Selaya, director del penal en ese momento e imputado en esta Mega Causa, fue interpelado por la hija del guardia cárcel: “ustedes tienen que saber quién estaba de turno y quién daba los permisos, no me contestó. Vi una nota periodística que era él quien comandó a detener a mi papá. Siendo director del penal, no puedo entender como no supo lo que pasó con un empleado suyo”.

A medida que pasaban los años, aumentaba el dolor y la incertidumbre de no saber qué ocurrió con su padre. “Cuando pasó esto, los compañeros de trabajo  de mi padre no nos saludaron más. En una oportunidad fuimos al Hospital José Penna y estaba Sergio López. Le dije a mi mamá que le pregunte porque nos ignoraban. ‘Tenemos prohibido hablar sobre personas desaparecidas y más si son compañeros de trabajo’, le contestó. También recuerdo que ella comenzó a cobrar una pensión de mi papá en 1981 por ‘presunto fallecimiento’”.

Por último, Beatriz expresó que “todo esto no es que me lo haya olvidado, lo tengo dormido. Yo quiero testificar. Quiero que todo el mundo sepa lo que pasó, no es nada fácil. Una cosa es contarlo, otra cosa es haberlo vivido. Sé que no lo voy a recuperar más, pero me juré que quiero saber dóndeestá su cuerpo, es lo único que deseo saber”.

Posteriormente, y también de manera presencial en el Tribunal Oral Criminal Federal de Bahía Blanca, declaró Andrés Repetto, quien contó que “cuando entraron a la casa a las 2.20  de la mañana cuatro o cinco personas, todos armados con ametralladoras, no sabíamos que pasada, actuaban con mucha impunidad. Se llevaron cosas de la casa. Agarraron todo lo de la heladera. ‘¿Qué hacemos con los pichones, los matamos?’, decían”.

Finalmente, Andrés concluyó: “Pido si alguien me puede informar donde está mi padre, no sabemos dónde está su cuerpo. Me gustaría saber si está en algún lugar.Quisiéramos saber si su cuerpo fue tirado al mar o dónde está”.

“Vengo para que esto no suceda nunca más”

Héctor Jara, albañil, declaró en la audiencia 31 del juicio que comenzó el 17 de febrero en la ciudad de Bahía Blanca. Contó que “en 1976, cuando estaban los militares en el poder, fui detenido en el barrio Palihue Chico con Acevedo y Porfirio Martínez.Llegaron con ametralladoras en autos particulares. Nos subieron a los autos y nos llevaron a la Comisaria Primera. Cuando entramos nos empezaron a dar patadas, piñas, de todo. Estaba lleno de policías. Pasaban uno por uno pegándonos. Uno me tiró arriba de una máquina de escribir”.

Sobre sus días de detención, Jara narró que “me vendaron, me tiraron a una cama, me ataron, y me pusieron un cable en el dedo gordo del pie. Sentí como un motor.Uno le dijo al otro: ‘nos olvidamos de traer el agua. Tengo ganas de orinar’. Por la voz, una era Tito Rodríguez y el otro su cuñado Mondongo Sosa, yo los conocía porque se criaron en el barrio. Ellos no me pegaban pero miraban como los otros lo hacían.Me dijeron que me agarraron por Montonero.Me preguntaban a dónde estaban las armas, me acusaban de matar a un tal ‘Pirincho’”.

Cuando liberaron a Jara, lo tiraron en el parque: “No te saques la venda por media hora, porque te matamos.Me fui con mi familia al campo con mi hermano en Pedro Luro, trabajaba en el desmonte. Teníamos una bebe recién nacida con mi esposa María Isabel Castro.

Jara, aseguró sobre el final de su declaración: “Vengo para que esto no suceda nunca más. No quería hacer esto por miedo, me dejaron mal con todo lo que me sucedió.Que no le pase más a nadie”.

“En la Escuelita, mi padre escuchó todo tipo de barbaridades”

Por último, fue el turno de Darío que a través de la conexión telemática declaró desde Cipolleti. Es hijo de Francisco Tropeano, dirigente agropecuario y militante comunista del Valle de Río Negro, quien representaba a pequeños y medianos productores frutícolas y formó elMovimiento Regional de Trabajadores.

“A partir de 1970-1971, mi padre comenzó a recibir amenazas de muerte, anónimas. Participó de varios reclamos gremiales. En 1975, cuando yo iba caminando a mi casa, alguien se me acercó y me preguntó si era Darío. A partir de ese momento, empezaron a llevarme e irme a buscar a la escuela”, explicó el hijo de Tropeano, dirigente gremial que declaró en el juicio Ejército III.

Sobre los momentos previos al secuestro de su padre, Darío narró que “en 1976 un empresario amigo personal de mi padre recibió una visita de los servicios de inteligencia, y le mostraron una lista de personas que iban a secuestrar esa noche. El primero de la que figuraba era mi padre.Repentinamente, hicimos las valijas. Nos trasladamos a una chacra que está a unos kilómetros. A los 4 días allanaron la chacra ylo entregan a un comando. Estuvo en la cárcel de Neuquén y luego lo trasladaron en avión a Villa Floresta. Luego pasa a ‘La Escuelita’, donde estuvo casi veinte días atado y vendado en una mesa.

“Tuvo tres o cuatro sesiones de tortura, como submarino y picana eléctrica.Escuchó todo tipo de barbaridades. Comía vendado. En algún momento se le corrió la venda. Vio cosas aberrantes con mujeres. En un interrogatorio que él escuchó, uno le decía a una mujer: ‘los muchachos están desesperados, mira lo buena que estás, porqué no hablás, ya tuviste una experiencia’”.

Antes de su liberación, Tropeano fue trasladado a Rawson y el 20 de julio de 1977 lo soltaron. En la clandestinidad, comenzó a militar.“Cada dos meses, publicaba un boletín de veintepáginas. Criticaban a Martínez de Hoz, por ejemplo. Las amenazas continuaron”, detalló su hijo.

Finalmente, Darío relató que la persecución a su familia y la detención de su padre, tuvieron consecuencias. “Mi madre tenía ciclos de depresión, estuvo muy firme en el periodo de detención peroluego de la libertad de mi padre, comenzó a decaer.Y en el colegio, hubo gente que se alejó de mípor lo que se decía de papá. Tenía amiguitos que se apartaban, era el hijo del guerrillero, del terrorista”.

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